Diseño Exterior
El lenguaje de diseño Kodo de Mazda sigue siendo uno de los grandes aciertos de la marca, y en este Mazda CX-5 2026 se muestra más refinado que nunca. Las líneas fluidas y la ausencia de trazos estridentes le otorgan una elegancia natural que envejece francamente bien. En esta unidad, la pintura opcional Polymetal Grey realza los volúmenes de la carrocería, creando un juego de luces y sombras muy atractivo cuando le da el sol.
En el frontal, la inmensa parrilla negra se erige como la gran protagonista, custodiada por unos faros LED muy afilados que le dan una mirada agresiva pero sofisticada. La característica ala cromada de Mazda subraya la calandra y se funde con los grupos ópticos, logrando una anchura visual muy imponente. No encontramos elementos superfluos, solo aerodinámica y estilo puro nipón.
Si nos fijamos en la vista lateral, las proporciones clásicas de un SUV quedan patentes, pero con un toque indudablemente dinámico. Mide 4.690 mm de largo y 1.695 mm de alto, dimensiones que lo asientan a la perfección sobre el asfalto. Además, la zona inferior del parachoques y los pasos de rueda en color negro le aportan ese carácter robusto y aventurero que todo buen todocamino necesita lucir para transmitir seguridad.
Las llantas de aleación de 19 pulgadas en acabado Black Metallic con tratamiento mecanizado son otro de los grandes aciertos estéticos de esta versión Exclusive-Line. Montadas sobre neumáticos de perfil 225/55, llenan los pasos de rueda a la perfección y equilibran el tamaño general del vehículo sin comprometer el confort de marcha en absoluto.
Finalmente, la zaga culmina con una caída de techo suave que integra un alerón trasero, y unos pilotos LED tridimensionales que replican a la perfección la firma lumínica delantera. El portón trasero, que por cierto cuenta con apertura eléctrica, ofrece un diseño muy limpio. A esto hay que sumarle el techo solar panorámico opcional, que desde el exterior aporta un contraste visual muy deportivo gracias al cristal oscuro sobre la pintura gris.
Diseño Interior
Al abrir la puerta del Mazda CX-5 nos recibe una atmósfera que roza el segmento premium. El habitáculo es un auténtico remanso de paz donde reina el minimalismo, la ergonomía y el buen gusto. Los materiales empleados en las zonas de mayor contacto, como el salpicadero y los paneles de las puertas, presentan un tacto blando y unas costuras cuidadas que elevan la sensación de calidad general de forma exponencial.
El confort es absoluto gracias a los asientos tapizados en símil cuero bi-tono. Estas butacas no solo recogen bien el cuerpo en curvas, sino que en nuestra versión vienen con ajuste eléctrico, memoria para el conductor y, lo que es mejor en los días fríos, son calefactables tanto en las plazas delanteras como en las traseras. Encontrar la postura de conducción ideal es cuestión de segundos.
En el apartado tecnológico, Mazda ha dado un paso firme hacia el futuro. El cuadro de mandos digital de 10,25 pulgadas convive de maravilla con un Head Up Display avanzado que proyecta información vital directamente sobre el parabrisas. Pero la verdadera estrella es la enorme pantalla central táctil de 12,9 pulgadas, que ahora cuenta con Google Integrado, permitiendo usar Maps o el Asistente sin depender exclusivamente del móvil, aunque también ofrece conectividad inalámbrica para Apple CarPlay y Android Auto.
La habitabilidad en la segunda fila de asientos es francamente sobresaliente. Hay espacio de sobra para las piernas y la cabeza de adultos altos, y detalles como el reposabrazos central con posavasos, tomas USB-C y el excelente equipo de sonido BOSE de 12 altavoces hacen que los viajes largos sean un placer. La sensación de amplitud y desahogo se multiplica enormemente gracias a la luz natural que entra por el generoso techo solar panorámico.
El maletero, por su parte, es un aliado perfecto para las exigencias familiares. Declara un volumen de carga de 583 litros en modo de 5 plazas hasta la línea del cinturón, ofreciendo unas formas muy regulares y aprovechables. Si necesitamos transportar objetos largos o voluminosos, podemos abatir los asientos traseros y alcanzar unos impresionantes 2.019 litros de capacidad, transformando el CX-5 en un compañero de carga insuperable.
Conducción
La experiencia al volante del Mazda CX-5 está profundamente marcada por la filosofía Jinba Ittai de la marca, esa conexión casi perfecta entre el coche y su conductor. Bajo el capó, encontramos el motor 2.5L e-Skyactiv G, un bloque atmosférico de gasolina de 2.488 cc que entrega 141 CV (104 kW) de potencia y un par máximo de 238 Nm a 3.500 rpm. Lejos de la tendencia de pequeños motores turbo, este propulsor de cuatro cilindros destaca por su increíble suavidad acústica y elasticidad.
Acoplado a este gran bloque se encuentra una transmisión automática de 6 velocidades que envía toda la fuerza exclusivamente a las ruedas delanteras. El comportamiento de esta caja es un claro reflejo del enfoque rutero del coche: busca el máximo confort en todo momento. Las transiciones entre marchas son prácticamente imperceptibles, gestionando el régimen del motor con inteligencia para mantener siempre el nivel de ruido bajísimo en el habitáculo.
Dinámicamente, el coche pisa con un aplomo envidiable en vías rápidas. La suspensión filtra los baches y juntas de dilatación con muchísima dulzura, pero a la vez, contiene muy bien el balanceo de la carrocería de 1.695 mm de altura cuando enlazamos curvas. No es un vehículo de pretensiones deportivas; su aceleración de 0 a 100 km/h en 10,5 segundos lo confirma, pero ofrece una conducción asombrosamente tranquila, segura y muy gratificante para viajar.
En el día a día urbano, las maniobras de aparcamiento y el callejeo son un juego de niños. Ayudan enormemente la dirección asistida de tacto preciso y la dotación tecnológica. El monitor de visión 360 grados, sumado a los sensores de aparcamiento delanteros y traseros, nos permiten sortear espacios estrechos con confianza ciega. Además, el arsenal de sistemas ADAS, como el control de ángulo muerto y el control de crucero adaptativo, actúan mitigando el estrés del tráfico diario.
En el apartado de la eficiencia, durante nuestra semana de convivencia hemos constatado que los consumos son razonables dada su gran cilindrada. Mazda homologa un consumo combinado WLTP de 7,1 l/100 km y unas emisiones de CO2 de 159 g/km. En carretera a ritmos legales, el motor gira muy relajado, logrando acercarse a los 6,0 l/100 km que declara la marca para tramos de conducción alta.